miércoles, 6 de mayo de 2015

Nunca estuve.

Yo no quiero ésto; 
ésta vida, éste cuerpo, que no comprendo.
Y todos piensan que estoy equivocada.
Intente adaptarme, a la fuerza, y si, estuve equivocada; 
tanto que sufrí; y ahora sufro por aquello que nunca tuve.
Toda una vida, eternamente corta, intentando expresarme en lo que consideró mas real; menos violado. 
Imposible. Todo lo han tocado.
Ya nada es puro.

Y me llamaréis romántica en palabras de hombres, por mi anhelo hacia la vida que no encuentro, que no tengo y nunca pude.
Por la incomprensión convertida en desesperación, por la impotencia que siento en ésta, vuestra urbe.

Y miro tus ojos, tu cara.
Eres aquello que amo y por ello no debo tener.
Porque cada vez que pienso en mi marcha te veo caer.
Y no puedo verte caer, ni detener mi marcha; tampoco.

Cada vez lo veo más claro, más cerca.
Mi miedo es mi seguridad, que a su vez me mantiene firme. Cada vez más completa.

No me mires;
no me verás;
nunca me fui;
nunca estuve.

No soy ni mi reflejo reflejo.
Tan solo, lo que queda de él.

No hay comentarios:

Publicar un comentario